viernes, 26 de marzo de 2010

Lima, La Santa.


Estuve en Lima un Jueves de Otoño, como dice Vallejo, caminando por sus jirones, plazas, galerias y demás. Me agarró la Semana Santa y el tumulto era abrumador e insoportable, la gente entraba y salía de los lugares que menos imaginaba y la religiosidad se combinaba con el comercio, haciendo un contraste entre el verdadero devoto y el comerciante que quiere sacar su Agosto en Abril. Así es la vida querido limeño, la cultura peruana no conoce feriados, fiesta religiosas, cumpleaños, etc cuando se trata del business , más cuando los tiempos están difíciles. Business son business pues "causita".

Colas interminables adornan cada iglesia en el centro y los niños cuentan las iglesias, como si fueran figuritas del álbum mundialista. "Yala, nola". Costumbre con olor a mazamorra morada y churros con que sabe quien dentro de ellos. Esa es mi Lima, la que destella contraste, amor y baños sucios en cada restaurante, así sea de una franquicia norte americana.

Terminando el paréntesis nunca pensé que la religiosidad en el Perú sea tan grande, de verdad que en Semana Santa hasta los "choros" dan gracias a Dios por "proveer" lo robado, increíble pero cierto. Señoras, que les falta poco para estar bajo el santo suelo peruano, esperando horas de horas para poder tocar el pie de una imagen que no tiene ningún sentimiento y que no va a sentir el amor tan devoto. Es dura la espera, pero ellas están allí cada año.

Después de tanto religiosidad y peregrinaje litúrgico, me dirigí por la famosa y peligrosa Av Abancay hacia la Mesa Redonda aka Mercado Central, donde pude disfrutar de los olores típicos y de su querida chica Chacalonera de Lima, la popular. Me desvié un poco y sin notarlo llegué a la faldas de mi querido Cristobal, el San Cristobal, ese morro que tiene como corona una gran cruz luminosa que adorna el desolado cielo gris y contaminado de mi queria capital.

Llegó la hora de partir y de regresar a casa después de una tarde larga y agitada. El movimiento de Lima es el mismo de siempre, calles cerradas, obras municipales y harto vendedor ambulante. Gracias, Dios por mi Lima, la gris, la bonita, la popular, la chicha, la chola, LA SANTA.

miércoles, 24 de marzo de 2010

7:30 a.k.a Paradero Lleno

Levantándose temprano para alcanzar un carro vacío y llegar temprano a estudiar o a la chamba. Durante el camino vez toda la "biodiversidad" de nuestro querido Perú. Desde pequeños escolares hasta algunos emigrantes de la Argentina que vinieron a buscar un futuro mejor y viajan más de dos hora para llegar a una entrevista de trabajo. Gente durmiendo porque la noche anterior se quedaron estudiando para algún examen o simplemente se quedaron hablando con el chico o la chica que les gusta hasta muy altas horas de la noche.

Estamos en verano y el micro parece un infierno. La señoras de la tercera edad no quieren abrir su ventana porque les arruina el peinado y el cobrador se pelea con un pasajero que no quiere pagar su pasaje completo. En una cuadra suben 10 mendigos con 10 historias diferentes "haber por favor una mano en el corazón y la otra en el bolsillo derecho", todos tienen enfermedades terminales pero aun así pueden estar parados horas en el sol (extraño) . Haber pague con sencillo, pie derecho, 3-5-7 esta sopa, haber por favor asiento reservado para la señora.

Frena el carro y las profesionales en maquillaje micrero ni siquiera se manchan con su labial. El micro es una coffiure andante, admiro la habilidad de las mujeres para tener tanta precisión al hacer esta "obra de arte" en movimiento que exceden al surrealismo y son dignas de la historia de nuestra cultura popular peruana. Amo a mi micro y sus malos olores, su gente trabajadora y amo analizar cada personalidad única de cada persona que sube.

Ya estoy tarde y tengo que entrar a clases en 10 minutos estoy estancado en arenales como siempre. Estos argentinos están preocupados por la respuesta de trabajo tienen dos hijos y los dos son muy bellos. La mujer insulta a lo que creo que es su esposo y veo la cara de preocupación de él. Las viejitas se bajaron cuadras atrás así que pude abrir mi lunas. Estoy sudando como loco y el chofer me mira extraño porque tengo mi cámara en mis manos. Este en mi querido transporte público, mi combi, mi micro, donde mis pies salen más pisados que cucaracha en procesión.