lunes, 16 de agosto de 2010

H.I.G.H

Sábado en la noche montado en un pick - up negra. Sin tener un rumbo definido, sin tener donde ir. Sólo la noche me abrazaba, mi cabeza explotaba y en el marcador, la noche, iba ganando 2-0. La verdad no sabía porque estaba haciendo en el asiento de co-piloto y me preguntaba porque no me detenía.

Mientras mi noche avanzaba cada vez sentía innecesaria mi salida. Hacía mucho frío y los faroles amarillos de la Av. Larco eran mi único abrigo y las luces de las casa de juegos me hacías recordar sueños antiguos, sueños que quería olvidar. Iba de avenida en avenida, me sentía parte de un video clip de algún grupo rockero perucho.

Así como el viento pasa en la noche, así se fueron los planes y la aspiraciones de pasar un buen rato. Al final me reí dentro de mí y pensé "esas cosas suelen pasar Gonzalo". La vida sorpresas, sorpresas te da la vida. Esa noche fue dada al olvido. Sólo queda en mis memorias de micro.

lunes, 5 de abril de 2010

Entre Redes (todo no es tan fácil como parece)


No pude dormir toda la noche, pensando en la pesada faena que iba a tener, como dice Vallejo, ese “Lunes Cualquiera”; iba a enrumbarme en mi primera aventura en alta mar.

Había soñado con el mar toda mi vida y siempre quise estar vinculado muy íntimamente con él. Cómo se imaginan, vengo de una familia de pescadores; ellos se han dedicado a este duro oficio por más de 50 años y yo no podría dejar la herencia atrás, así que decidí ser pescador, claro mi madre no estuvo de acuerdo, ella quería que sea abogado o ingeniero.

Ansioso me levanté, mi corazón estaba latiendo a mil por hora, ya sentía la brisa marina en mi cara y podía sentir el olor pescado entre mi dedos, que impregnado se había quedado cada vez que mi padre pasaba sus manos sobre las mías despidiéndose y diciendo: ¡algún día vendrás conmigo!

Antes de irme alistamos todo y cargamos la chalana con comida para dos días.

Don “Cucho” mano derecha de mi padre empezó a contar fábulas sobre sus viajes en alta mar; yo escuchaba muy atento y pensaba en contar mis historias marinas en un futuro; claro que 99.9% de las historias de “Cucho” eran mentira, parecía que había estado en opio la noche anterior, pero siempre me llenaban de sentimiento y de querer ser lo que desde niño quise ser, PESCADOR.

Agarramos el viejo “Chevrotlet 230” de mi padre, enganchamos la chalana y nos fuimos rumbo al muelle. “Patricia”, como cariñosamente llamaba mi papa a su carro, estaba haciéndose pedazos. El no se desasía de ella, porque tenía un alto valor sentimental. Sino me equivoco, mi hermano mayor, nació en asiento posterior de este viejo Chevy.

Llegamos con las justas de gasolina, y “Patricia” pudo descansar por fin. Llegó la hora de bajar las cosas. Llevábamos una nueva ancla para nuestra embarcación, bloqueador (mi madre lo puso), anzuelos, hilos, etc. Mi corazón latía cada vez más, cuando se acercaba la hora de salida. Preguntaba por los secretos de mar, cuántos tipos de peces habían en la zona y donde encontrarlos. Estaba emocionado, no podía controlarlo ni esconderlo. ¡Mi primera vez! Estuve esperando esto toda mi vida.



Estuvimos sentados hablando como media hora antes de salir. Ellos me estaban dando cátedra de todo lo necesario que uno de saber antes de entrar al mar por primera vez. Mientras ellos hablaban, yo miraba el horizonte, y no quería escuchar más, solo quería empezar mi ansiado sueño, pensaba en cuan grande es el océano, pero me sentía todo un conquistador, porque así lo había visto a mi padre siempre, él lo podía conocer tan bien, casi a la perfección. Mi interés por aprender era enorme, quería que mi padre este orgulloso de mi y que mi madre sepa que tomé la decisión correcta.



Era hora de aprender a volar. Era hora de extender mi alas y alcanzar lo inalcanzable. Mientras estaba sentado con “Cucho” y mi padre vi a los zarcillos volar y me sentí muy inspirado y dije “como ellos conquistan el cielo, así yo conquistaré el mar”. Mire a mi padre y el me lanzó una sonrisa y me dijo es hora, ¿ya estás listo hombrecito?



Antes de ir a la mar fuimos en busca de nuestras redes. Fermín, compañero de mi padre por años, las estaba arreglando. El nos dijo que la pesca había estado un poco floja, pero como era Semana Santa, San Pedro nos iba a ayudar. “Ese es nuestro hermano, siempre animándonos antes de cualquier faena” – dijo “Cucho”.

“Ya es hora chibolo. Carga lo pesado que nosotros ya estamos bien tíos para hacerlo” – dijo “Cucho” con el humor que lo caracterizaba. “Ahora si al agua, hermano” – dijo mi padre a “Cucho”. Más listo que nunca obedecí y comenzó la aventura. Nos esperaban dos días de pura hombría, sudor y olor a pescado.

Caminando por mi querido muelle, pasaban pensamientos, como combis por la Av. Huaylas en hora punta. Sabía que lo que estaba haciendo era correcto, pero una vez en la acción sentía un poco de temor. Mi padre sintió eso en mi y me dio un abrazo.

Mucha gente había fallecido dentro del mar. Jamás se me había pasado eso por la cabeza. Pero al estar a pocos segundo de sentir el desequilibrio del bote dentro del mar, lo pensé.

Encontramos a Doña Helena, sentada en la entrada de muelle, ella siempre está allí cada mañana. Su esposo murió dos años atrás, pero ella jamás lo superó y siempre se sienta a esperarlo, pero él jamás ancla su chalana al muelle. Ella siempre está con una canasta, donde lleva el desayuno de su esposo cada mañana. Su rico pan con pejerrey y un café bien cargado.

El encuentro con Helena me hizo pensar que mi hombría iba a ser probada al máximo. El trabajo de pescador no es algo sencillo, uno debe estar preparado y decidido a hacerlo. Con miedo pero con convicción de que estaba preparado para el mar me embarque y salimos.

Una pequeña cruz nos recordaba la memoria de Ricardo, esposo de Helena y decidimos dedicar esta faena a ella. “Listo capitán”, “Listo” respondí.

Comprendí porque mi madre no quería que sea pescador, al estar en alta mar comencé a pensar en ella. Sabía que ella estaba rezando por mi, para que no ocurra nada.

Ya estaba en alta mar y no había paso atrás. El oleaje era incesante, el mareo invadía mi ser, veía que todo daba vueltas, las nauseas me dominaban, estaba a punto de desmayar, y en mis pensamientos tirar la toalla era una opción imposible, La verdad, nunca pensé que esto iba a ser tan difícil. Uno piensa que es fácil cuando solo lo ve desde el exterior, pero una vez inmerso en este mundo del pescado tu punto de vista cambia por completo, si es que en este estado puedes poner tus pensamientos en orden.

Fueron dos días interminables. Al fin me pude acostumbrar al movimiento de la chalana y dormir bajo las estrellas, era algo que ya no me sorprendía. Ya me había acostumbrado al sonido del mar, el viento y de las olas yendo y viniendo. A pesar del duro camino que me llevó, yo ya me sentía un pescador, Porque la belleza del paisaje se puso a un lado y mi preocupación por llenar las redes era mi prioridad.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da vida, como dice Rubén Blades, eso es muy cierto. Uno puede pensar muchas cosas antes de realizar algo y la experiencia te sorprende. Nunca pienses que todo es fácil, eso es lo que aprendí en estos dos días de arduo trabajo.



Al regresar a tierra, contamos nuestras aventuras, exagerando, de ley, a nuestros colegas. Ellos me felicitaron y “Travolta” uno de los más respetados pescadores, de este muelle chorrillano, me dio la mano y me dijo “lo lograste hijo, pero hueles a … y después dijo su clásico “Soy una basura, no “Cucho”, mientras tiraba una cabeza de guitarra para que se la coman los pelícanos. Me sentí parte de ellos, había logrado mi objetivo, pero me pongo a pensar tranquilamente, que esto es solo el comienzo.

Cuantos mareos, cuantas redes, cuantas tormentas, cuantos peces, cuantas aventuras, para llegar a ser como ellos, los maestros del mar.

viernes, 26 de marzo de 2010

Lima, La Santa.


Estuve en Lima un Jueves de Otoño, como dice Vallejo, caminando por sus jirones, plazas, galerias y demás. Me agarró la Semana Santa y el tumulto era abrumador e insoportable, la gente entraba y salía de los lugares que menos imaginaba y la religiosidad se combinaba con el comercio, haciendo un contraste entre el verdadero devoto y el comerciante que quiere sacar su Agosto en Abril. Así es la vida querido limeño, la cultura peruana no conoce feriados, fiesta religiosas, cumpleaños, etc cuando se trata del business , más cuando los tiempos están difíciles. Business son business pues "causita".

Colas interminables adornan cada iglesia en el centro y los niños cuentan las iglesias, como si fueran figuritas del álbum mundialista. "Yala, nola". Costumbre con olor a mazamorra morada y churros con que sabe quien dentro de ellos. Esa es mi Lima, la que destella contraste, amor y baños sucios en cada restaurante, así sea de una franquicia norte americana.

Terminando el paréntesis nunca pensé que la religiosidad en el Perú sea tan grande, de verdad que en Semana Santa hasta los "choros" dan gracias a Dios por "proveer" lo robado, increíble pero cierto. Señoras, que les falta poco para estar bajo el santo suelo peruano, esperando horas de horas para poder tocar el pie de una imagen que no tiene ningún sentimiento y que no va a sentir el amor tan devoto. Es dura la espera, pero ellas están allí cada año.

Después de tanto religiosidad y peregrinaje litúrgico, me dirigí por la famosa y peligrosa Av Abancay hacia la Mesa Redonda aka Mercado Central, donde pude disfrutar de los olores típicos y de su querida chica Chacalonera de Lima, la popular. Me desvié un poco y sin notarlo llegué a la faldas de mi querido Cristobal, el San Cristobal, ese morro que tiene como corona una gran cruz luminosa que adorna el desolado cielo gris y contaminado de mi queria capital.

Llegó la hora de partir y de regresar a casa después de una tarde larga y agitada. El movimiento de Lima es el mismo de siempre, calles cerradas, obras municipales y harto vendedor ambulante. Gracias, Dios por mi Lima, la gris, la bonita, la popular, la chicha, la chola, LA SANTA.

miércoles, 24 de marzo de 2010

7:30 a.k.a Paradero Lleno

Levantándose temprano para alcanzar un carro vacío y llegar temprano a estudiar o a la chamba. Durante el camino vez toda la "biodiversidad" de nuestro querido Perú. Desde pequeños escolares hasta algunos emigrantes de la Argentina que vinieron a buscar un futuro mejor y viajan más de dos hora para llegar a una entrevista de trabajo. Gente durmiendo porque la noche anterior se quedaron estudiando para algún examen o simplemente se quedaron hablando con el chico o la chica que les gusta hasta muy altas horas de la noche.

Estamos en verano y el micro parece un infierno. La señoras de la tercera edad no quieren abrir su ventana porque les arruina el peinado y el cobrador se pelea con un pasajero que no quiere pagar su pasaje completo. En una cuadra suben 10 mendigos con 10 historias diferentes "haber por favor una mano en el corazón y la otra en el bolsillo derecho", todos tienen enfermedades terminales pero aun así pueden estar parados horas en el sol (extraño) . Haber pague con sencillo, pie derecho, 3-5-7 esta sopa, haber por favor asiento reservado para la señora.

Frena el carro y las profesionales en maquillaje micrero ni siquiera se manchan con su labial. El micro es una coffiure andante, admiro la habilidad de las mujeres para tener tanta precisión al hacer esta "obra de arte" en movimiento que exceden al surrealismo y son dignas de la historia de nuestra cultura popular peruana. Amo a mi micro y sus malos olores, su gente trabajadora y amo analizar cada personalidad única de cada persona que sube.

Ya estoy tarde y tengo que entrar a clases en 10 minutos estoy estancado en arenales como siempre. Estos argentinos están preocupados por la respuesta de trabajo tienen dos hijos y los dos son muy bellos. La mujer insulta a lo que creo que es su esposo y veo la cara de preocupación de él. Las viejitas se bajaron cuadras atrás así que pude abrir mi lunas. Estoy sudando como loco y el chofer me mira extraño porque tengo mi cámara en mis manos. Este en mi querido transporte público, mi combi, mi micro, donde mis pies salen más pisados que cucaracha en procesión.